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Su hambre es nuestra vergüenza

Corredor Mediterráneo necesario y de actualidadCorredor Mediterráneo necesario y de actualidad

Han pasado varios días desde que el huracán Matthew arrasara Haití, el país que ocupa la mitad norte de la Isla de la Española. Haití, el país más pobre de América, se enfrenta a una nueva catástrofe natural. ¿Recuerdan el terremoto que hace unos años asoló la isla? Pues el refrán, tristemente, se vuelve a hacer cierto, y es que, a perro flaco todo son pulgas. Un país mucho menos preparado y modernizado que su vecina República Dominicana, agoniza tras el paso del devastador huracán. Una vez más, su hambre es nuestra vergüenza.

Pocos han puesto el punto de mira en Haití, y es que, entre tanto Trump y tanto fútbol, no tenemos tiempo para pensar en otras cosas. Saltaba a los medios la visita del máximo representante de la ONU, Ban Ki-moon. Su visita venía precedida por el asalto violento a un camión cargado de comida. El mandatario mundial hacía una llamada al resto de países del mundo, y mostraba al mismo tiempo su tristeza por la poca implicación de los mismos en esta catástrofe. 170 millones de euros era lo que calculaba Ban Ki-moon que se necesitaba para paliar la situación durante un par de meses. Haití es un país pequeño, y no necesita grandes cantidades de millones para ser reconstruido.

A pesar de ello, los países llamados civilizados tampoco han estado en esta ocasión a la altura. 170 millones es una cifra ridícula para cualquier país occidental. ¿Saben ustedes que un auditorio de un pueblo de España puede costar, sin demasiado tamaño ni estridencias, la friolera de tres millones de euros?

Mientras nos gastamos el dinero en fórmulas 1, embajadas al servicio del nacionalismo, fiestas y mentiras varias, en Haití mueren de hambre. Una vez más, su hambre, es nuestra vergüenza, la vergüenza de Occidente.

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