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Atentados de París y choque de civilizaciones

Mariano AyusoMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal - Colaborador de ElcheNews

Los feroces atentados terroristas de anoche en París –además de nuestro dolor y solidaridad con la nación hermana- han puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de nuestras sociedades europeas –y occidentales en general- frente a la “bomba atómica de los pobres”: el terrorismo suicida.

La pregunta del momento es si queremos y podemos hacer frente eficazmente a esta amenaza. Para responderla tenemos que hacer –como de toda patología- un diagnóstico y aplicar sobre él las medidas más eficientes. La situación actual fue ya pronosticada en 1996 por el gran analista de la Universidad de Harvard Samuel Philips Huntington en su obra esencial “El choque de las civilizaciones”, continuación de los análisis sobre este tema iniciados en 1993 en su revista Foreign Affairs.

La tesis, muy resumidamente, es que más allá de los conflictos entre Estados, ideologías y economías, están las tensiones y conflictos entre civilizaciones –en el sentido que le diera Arnold Toynbee de conjuntos culturales, con tradiciones, valores y formas de entender la existencia comunes. El gran conflicto actual estaría entre la civilización occidental (básicamente radicada en Europa, América y Australia) con unos valores claros de respeto a los derechos humanos (entre ellos la libertad ideológica, religiosa y de expresión, así como la igualdad, en especial de género), parlamentarismo y eminentemente laica, aunque heredera de una acentuada tradición judeo-cristiana, y una civilización islámica con valores eminentemente religiosos a los que se subordinan los derechos humanos, las libertades políticas, la igualdad y los valores democráticos parlamentarios.

Curiosamente, la pugna religiosa –que implicó la lucha entre estas civilizaciones durante siglos (Cruzadas, Reconquista, sitios de Viena, Lepanto)- ya no es relevante y más bien sería el choque entre una civilización que antepone las libertades y los valores democráticos (y predominantemente laica) y una civilización eminentemente religiosa, que antepone un concepto fundamentalista de la religión musulmana a todo lo demás.

Obviamente, no podemos ignorar que esta confrontación está atizada por los vestigios emocionales del colonialismo, la desigualdad económica, la pobreza endémica, nuestra prepotencia occidental y el conflicto árabe-israelí. Pero tampoco podemos ignorar que la civilización musulmana ha ido derivando hacia un radicalismo y fundamentalismo religioso que se ha “llevado por delante” los principales regímenes laicos del bloque musulmán –la Turquía heredera de Atatürk, Túnez, etcétera- y que apoyar al Estado de Israel es una obligación moral de los países accidentales.

Vista la situación, ¿tenemos defensa? La respuesta es obvia: sí. No sólo con los bombardeos y la intervención militar en las zonas de conflicto de Oriente medio (desde Líbano hasta Afganistán), donde los aliados de ayer son los enemigos de hoy y viceversa, sino esencialmente sosteniéndonos y reafirmándonos en nuestros valores y tradiciones. Abandonando la posición avergonzada y entreguista que ha caracterizado a Europa en los últimos tiempos.

Y, especialmente, sin abdicar de nuestro orgullo cultural y de nuestros valores occidentales. El problema está en que en estos valores tienen un papel primordial la tolerancia y el diálogo, y de ello se aprovechan los que pretenden sustituirlos por la sharia (en su interpretación más radical).

La solución, lógicamente, está en compaginar los valores occidentales de libertad, derechos humanos y solidaridad, con una aplicación rigurosa de los mecanismos de defensa social y perder el escrúpulo a aplicar con la contundencia que sea necesaria los mecanismos de protección y prevención policial de la delincuencia terrorista y si para ello hay que someter a los refugiados procedentes de países islámicos a periodos de internamiento y aislamiento para comprobar antecedentes, incluso someterlos después de su integración a especial vigilancia y control –con todo el respeto a la Declaración Universal de Derechos Humanos y a nuestros superiores estándares humanitarios occidentales- ¡adelante y sin miedo!

Artículo escrito por Mariano Ayuso Ruiz-Toledo

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