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¿Diversidad o Marketing?

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La industria de la moda, tan impredecible como las circunstancias del mañana, evoluciona, afortunadamente, de la mano de las necesidades sociales del momento. Lo que hace unas décadas era impensable, hoy en día es una realidad gracias, en gran parte, a las redes sociales (de las que soy una firme defensora).

Estereotipos rotos, prejuicios derrotados y cánones diluidos están permitiendo que, si queremos, todos tengamos nuestro hueco en las redes de la moda. Un ejemplo reciente, lo podemos encontrar en Madeline Stuart, una joven de 18 años y con síndrome de Down, que se propuso hace unos meses ser modelo y ya ha conseguido su primer contrato con una firma de ropa deportiva.

Está claro que hay una necesidad de normalizar la diversidad en la moda con fines de integración social pero el debate se reabre cuando se pone encima de la mesa el interés de las empresas por generar mayores ingresos económicos bajo meditadas estrategias de marketing. Y aún así, a veces, meten la pata hasta el fondo.

El ejemplo más sonado de ‘acciones perjudiciales para la reputación empresarial’ más reciente lo encontramos en Instagram. Una de las redes sociales más populares del momento ha decidido vetar la etiqueta #curvy, palabra que hace referencia a las mujeres con curvas (vamos, el 90% de la población).

La polémica, cómo no, está servida y las críticas no se han hecho esperar. La editora jefe de Plus Model Magazine, se refirió a ello de la siguiente manera: “Instagram ha decido eliminar #Curvy, mientras todavía se pueden buscar otras etiquetas cuestionables como skinny, fat, thin… ¿Qué lógica tiene esta medida tan radical?”.

Si bien, aunque todavía se pueden utilizar los hashtag #CurvyGirl, #CurvyWoman o #CurvyFashion, son muchas las personas que denuncian el continuo uso de otros términos despectivos que no respetan las normas de esta aplicación. La etiqueta #Curvy ha servido para que muchas modelos de tallas grandes reivindicaran su lugar en las pasarelas, sesiones de fotos y lookbooks así como para impedir la aparición de límites innecesarios que puedan acotar la imagen corporal femenina.

Que las campañas están hechas para vender es evidente pero no está de más que, de vez en cuando, se profundice más en el contenido que en el continente porque, de alguna manera, todos salimos ganando.

En palabras de Madeline Stuart: “mientras sea algo divertido, quiero seguir como modelo. Pero cuando deje de serlo pasaré a hacer otra cosa. La vida es corta y tienes que divertirte en ella.”

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