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El 27S día mundial del turismo

Mariano AyusoMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal - Colaborador de ElcheNews

Aunque cueste creerlo, el pasado 27 de septiembre fue una jornada de relevancia por algo más que por las cansinas elecciones al Parlament de Cataluña –elevadas a plebiscito sobre la presunta independencia por algunos interesados-, fue el día mundial del turismo.

El turismo es un fenómeno económico, social y cultural relativamente reciente. En la primera mitad del siglo veinte, hasta después de la Segunda Guerra Mundial y la recuperación posterior, el turismo era una actividad minoritaria. Tan sólo las clases muy acomodadas y las personas de perfil aventurero hacían turismo. El resto, las gran parte de la población –mundial, no sólo europea- no se planteaba el desplazamiento a lugares algo alejados de su lugar habitual de residencia, si no era con un fin económico o laboral –emigración en sus distintos niveles-, de salud, de estudios o con fines muy específicos religiosos o humanitarios (misioneros o análogos).

Incluso los periodos vacacionales tenían como destino lugares determinados, según la clase social de pertenencia, o viajes arquetípicos y con destinos distintos de lo que ahora consideramos normal dentro de los destinos y viajes turísticos.

Sin embargo, en el desarrollo de la vida y la sociedad de la segunda mitad del siglo veinte en adelante, el turismo ha crecido hasta convertirse en un fenómeno de masas.

El lema de este 27 de septiembre, como Día Mundial del Turismo, ha sido “Mil millones de turistas, Mil millones de oportunidades”, planteando cómo el enorme número de turistas global supone una oportunidad para los países de envío y de acogida y tiene unos efectos muy positivos en el conjunto de las sociedades que viven este fenómeno del turismo.

Cada movimiento turístico tiene un impacto en la población que visita otros lugares y un impacto en la sociedad que los recibe.

Para los primeros se trata de una manera no sólo gratificante y placentera de emplear su tiempo libra, sino sumamente enriquecedora en su vertiente cultural y humana: conocer otras sociedades, otros estilos de vida –rural o urbana-, otras culturas, incluso otras civilizaciones. A veces, conocer y comprender a aquellos que durante décadas o siglos pasados fueron considerados nuestros enemigos por antonomasia, o el máximum de la incivilidad o de todo lo malo o inferior, pues implicar una semilla de comprensión y de sentimientos compartidos que eviten futuras animadversiones.

Obviamente, para los países de acogida, los receptores de los turistas, el beneficio es –además- de un flujo económico importante. Hay economías nacionales o regionales –en España podemos hablar de esto con conocimiento de causa- que gracias al turismo han conseguido levantar o iniciar el despegue. El turismo es una de las primeras fuentes de riqueza en numerosos países y ciudades –incluso localizadas en el primer mundo-, pues el aporte económico de los viajeros foráneos y el desarrollo de industrias locales para atenderlos, constituye un motor dinamizador de la economía. Obviamente, como todo lo humano, el turismo tiene su vertiente negativa, normalmente –como en casi todas las facetas negativas de las actividades positivas- por una utilización torticera de los recursos.

La explotación sexual de menores, el incremento del consumo y abuso del alcohol o sustancias tóxicas, la eventual degradación del medio ambiente en parajes hasta entonces preservados pueden ser algunas de las facetas negativas.

Para evitar estos aspectos negativos y procurar que el turismo sea beneficioso para todos los implicados, población receptora, turistas, operadores y agentes sociales y económicos afectados, es por lo que la Organización Mundial del Turismo aprobó en 1999 un Código Ético Mundial para el Turismo.

Éste es un compendio de principios y prescripciones relacionados con el turismo. Dirigido a Gobiernos, empresas turísticas, comunidades de destino y turistas por igual, su objetivo es ayudar a maximizar los beneficios del sector, minimizando a la vez sus eventuales consecuencias negativas para el medio ambiente, el patrimonio cultural y las sociedades de alrededor del mundo.

Nosotros, que vivimos en una de las regiones del mundo que constituyen un destino turístico más importante, tenemos la obligación –y la recompensa consiguiente- de observar este Código y perseverar en el buen camino emprendido hace tiempo de lograr las mayores cotas de calidad turística.

Por Mariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal.

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