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El autónomo convertido en saco de boxeo

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Releo un interesante artículo del año pasado  sobre el “puenting”, cuando se trata de un deporte de riesgo, todas las medidas de seguridad son pocas si “vas a jugarte el pellejo” literalmente,  y aunque yo prefiero hacerlo afilando la pluma, maduro la posibilidad de atreverme durante un momento; me gustaría experimentar la única y apabullante experiencia del salto, la temeraria y absoluta confianza en el especialista que te anima y la cuerda que te sujeta. Apostar categóricamente por la soledad para atravesar la ráfaga del riesgo.

Saltar al vacío no es sin embargo una opción en la mayoría de las ocasiones y no puedo imaginar paradigma de riesgo más claro que el del autónomo, emprendedor y pequeño empresario de este país, cuya única cuerda de protección contra el impacto está tejida con la frágil tela de la osadía y el propio esfuerzo.

Protagonistas del ninguneo de la política fiscal de turno que en su desvarío ha dejado de verles como el motor tributario de este país para confundirles con un saco de boxeo, o aún peor, lejos de deberse a la confusión; les ha esquilmado, programado y convertido de forma consciente en una virulenta herramienta confiscatoria para sostener su cortijo clientelar autonómico, la millonaria y opaca subvención a los esquiroles sindicalistas de la UGT/CCOO y sus demagógicas políticas sociales; recordarán aquellas falacias en forma de cheque bebé propugnadas por la pesadilla socialista aterrizada por accidente en Moncloa vía León; aquella aberración política “titadine” de lo económico y lo moral que además logró estampar su impronta en la Moncloa. A Rajoy, poseído todavía por ZP, únicamente puede salvarle ya el exorcismo de un buen sacerdote.

Estos líderes de enclenque capacidad y vocación socialdemócrata, no sólo saltan con cuerda de seguridad de desmán en desmán, sino que lo hacen sobre la mullida colchoneta rellena de la asfixia del contribuyente, y entre cabriola y cabriola; mientras los jardines de la Moncloa son sembrados por los pesos pesados del Ibex 35, nuestro resignado sector empresarial sigue siendo el pienso de engorde de estos “sobreros” de quinta al imponerles una subida de tipo impositivo de hasta un 13% a costa de la merma en su margen de beneficio, reducción de horas y destrucción de puestos de trabajo.

Vivimos en un país con un 26% de paro en el que la contratación está incluso penalizada. Si osa usted emprender, sepa antes que este inefable gobierno le arrebatará su tarifa plana cuando contrate a su primer empleado. ¿Por qué lo llamarán estimulación del crecimiento cuando quiere decir estrangulamiento?

Después, y si el tejido empresarial del país tiene la osadía de salir de su estado paliativo y levantar la cara de la lona, ya sólo queda sobreponerse al zarpazo del inspector de la inquisición tributaria enviado por Montoro para someterlos al desmán recaudatorio que nada tiene que ver con la necesaria prudencia, efectividad legitima y respeto del que todo contribuyente debería gozar y exigir de la administración.

Señores gobernantes, no podrán llenarse la boca con el “europeísmo” hasta que no sean capaces de fortalecer y potenciar el auténtico tejido económico de este país para ser competitivos frente al resto de estados miembros. Elaborar un plan de competitividad eficaz y comprometerse con nuestro tejido empresarial también fuera de la “luna de miel” que inventan ustedes durante su período de campaña. Dejen de vapulear al autónomo y el empresario y al menos déjenles lanzarse con cuerda de seguridad, aunque sobre todo hágannos un favor señores eurodiputados, antes de presumir qué es Europa entérense de qué es España.