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El inconstitucional veto al cantante judío Matisyahu en el festival Rototom

¿CUPO FISCAL? SÍ, PERO PARA TODOSPor Mariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal, colaborador de News Grup

La noticia aparecida en los medios de comunicación estos días de que la participación del cantante judío norteamericano Matthew Paul Miller, cuyo nombre artístico es Matisyahu, ha sido vetada por los organizadores en el Festival Rototom Sunsplash de Benicàssim, me ha dejado no solo perplejo, sino indignado. Y esto porque la causa expresa de este veto ha sido que Matisyahu no cumplió una condición que le puso la organización para dejarle participar: que él –y solo él- tenía que hacer una declaración pública en contra de Israel y a favor de un Estado palestino.

Afortunadamente, las repulsas de los Gobiernos de España y de la Comunidad Valenciana –y de organismos y organizaciones de toda índole- no han caído en balde y al momento de terminar este artículo, la organización del Festival Rototom Sunsplash de Benicassim, había reconsiderado su veto y vuelto a invitar a Matisyahu. No obstante haberse enmendado la situación, las reflexiones que ya había escrito siguen siendo igualmente útiles para reflexionar sobre lo acaecido e impedir que puedan repetirse discriminaciones raciales y religiosas semejantes en el futuro.

Dicho esto, tengo que señalar que –obviamente- los organizadores de dicho Festival pueden tener la opinión que juzguen adecuada en cuanto a las relaciones entre israelitas y palestinos y en cuanto al derecho del Pueblo palestino a un estado propio. El problema comenzó cuando le exigieron a Matisyahu –y sólo a él, por ser judío- una pública manifestación en contra de Israel y a favor de la creación de un estado palestino. Esto constituye una flagrante discriminación, siempre reprobable, pero inadmisible cuando se está financiando el Festival con fondos públicos.

Lo más grave, incurriendo inconstitucionalidad y rozando acaso el Código Penal –si no se hubiera rectificado a tiempo-, es cuando se impone este posicionamiento público tan sólo a uno de los participantes en el Festival, y esto por razón de su raza o religión.

Si se hubiera hecho un posicionamiento político de la organización del Festival en contra de Israel y a favor de un estado palestino, incluso si se hubiera exigido a todos los participantes la firma de un manifiesto a favor del reconocimiento de un estado palestino, el problema sería el de la financiación pública de esa actitud beligerante en una materia política internacional de competencia del Gobierno y que puede comprometer las relaciones diplomáticas del Estado.

Pero lo que es netamente discriminatorio –y por ende anticonstitucional y virtualmente delictivo- es que se le exija únicamente esa declaración pública a un artista participante en el Festival, precisamente por su condición de judío. Los organizadores del Festival hicieron expresa mención en sus explicaciones de la exigencia de una proclama en contra de Israel y a favor del Estado palestino a Matisyahu del Festival, que al tratarse de un judío notorio, era precisa su pública manifestación en contra de Israel, del sionismo y a favor del estado palestino.

Es decir, que las creencias religiosas de Matisyahu -no quiero pensar que se trate de una cuestión racial- son las que han propiciado que se le exigiera un requisito singular que no les era exigido a los demás artistas intervinientes en el Festival.

Es como si se estableciera que por el hecho de ser judío es cómplice o coautor de unas políticas concretas de algunos sectores de opinión y algunos partidos políticos del Estado de Israel, concretamente los partidarios de los asentamientos israelíes y contrarios al reconocimiento de la Autoridad Nacional Palestina en un Estado soberano con plena jurisdicción sobre Cisjordania y Gaza. Y para dejar claro el rechazo de la organización del Festival de Benicassim a esas posiciones, le exige al “sospechoso” una declaración en contra.

Independientemente de la complejidad del problema israelí-palestino, su planteamiento como una “película de buenos y malos”, no puede dentro de nuestros parámetros constitucionales y, por ende, antidiscriminatorios establecer una exigencia especial para un artista por el hecho de ser judío y exigirle poco menos que una condena del Estado de Israel.

Es muy probable que Matisyahu –como ocurre con muchos judíos, sean o no israelitas- no esté de acuerdo con el actual Gobierno de Israel en su política sobre el problema palestino, al igual que hay otros muchos judíos e israelitas que no estuvieron de acuerdo con la retirada forzosa de los asentamientos israelitas en territorios palestinos decretada en su momento por el Gobierno israelita. Lo que es inaceptable es que por el hecho de ser judío se le exija una declaración pública en contra de un Gobierno y se le exija una declaración en consonancia de las posiciones políticas de los organizadores del Festival: ¿por qué no se le exigió esa misma declaración a los artistas que no eran judíos?

Afortunadamente, la organización del Festival Rototom Sunsplash de Benicàssim ha rectificado, se ha disculpado y vuelto a invitar a Matisyahu a participar en el festival, sin necesidad de ninguna declaración sobre Israel, ni sobre el problema palestino.

Pero lo ocurrido debe ser una llamada de atención sobre la escasa sensibilidad democrática, en concreto respecto de los principios de igualdad y no discriminación, cuando entran en juego posiciones “políticamente correctas”- y tiene que servir para llamar la atención, en particular, sobre un naciente y creciente antisemitismo en la opinión pública dominante en nuestras sociedades occidentales y que recuerdan de manera trágica la culpabilización de un colectivo concreto –el judío- de numerosos males (desde la peste medieval hasta el desastre financiero posterior al Tratado de Versalles). Y esto ha sucedido varias veces a lo largo de la Historia, pues la masa necesita de simplificaciones y de culpables colectivos y hay una larga tradición de culpar siempre a los mismos.

Por Mariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal

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