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El orgasmo del voto

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Hay dos cosas que hacemos los españoles con fruición. Las tertulias de todo tipo e ir a votar. Aprovechamos cualquier excusa para echar un rato en el café con los amigos o enemigos. O en la peluquería. O en el patio del cole. Y acudimos a votar como un solo hombre, registrando porcentajes de participación política en cualquier elección que ya quisieran los países con más rancia tradición democrática.

Las tertulias han derivado en un recurso para alcanzar la fama. Vas a una tertulia en TV y al día siguiente ya puedes ser candidato a lo que quieras. A escribir un libro como Belén Esteban o a dirigir un partido. ¿Quién les iba a decir a Pablo Iglesias o a Albert Rivera que con solo media docena de sesiones de televisión estarían rozando la Moncloa? España es así. La cuestión es no doblar mucho la espalda.

¿Y votar? Nos encanta ir a votar. Es un orgasmo colectivo. Pero solo en votaciones políticas y en el fútbol. Las convocatorias para la Junta de Vecinos, la asociación de padres del colegio de los niños o la del banco del que tienes media docena de acciones esas no interesan. Ni las del sindicato para el convenio. Fútbol y política. Dos cosas en las que los españoles somos expertos gracias a las tertulias. En eso y en hablar mal de la monarquía y hacer correr a los curas.

Nos orgasmeamos con las elecciones. Las vivimos como si con ello nos fuera la vida. Primero está eso de decir :¡Ya están otra vez con el rollo de la campaña!! Pero la última semana politizamos hasta el puchero de la suegra: ¿Usted a quién va a votar? ¡Dile a tu marido que no le importa a quién voto!

Por eso este pasado viernes el PPCV y el PSPV/PSOE ya manejaban datos con la caída del número de indecisos. El voto útil ya había tomado su decisión, aunque eso solo se resolverá en las urnas. De un tercio de votantes que reconocían hace quince días que no lo tenían claro, en vísperas del 24 de mayo la mayor parte se había aclarado.

Y es que votar va uno meado, mudado y decidido. No es una cuestión baladí. Nos lo tomamos muy en serio. Vamos en familia, como a misa. Es un ritual que puede observarse si uno se sienta un rato frente un colegio electoral en Villarreal o Gandía. Será por la abstención del franquismo o porque nos gusta la política, pero la gente vota y disfruta con ello. Votar es como un orgasmo. El 24 de Mayo España es un placer.

Los mayores llevan las papeletas preparadas de casa. Los más jóvenes se van ostentosamente a la cabina, previo paso por la mesa donde están las listas. No hay chillidos, broncas ni fallos. Ya casi nadie se olvida el DNI. El ritual lo tenemos tan aprendido como el de ir a comulgar aunque seas ateo.

Hay algunos que ocultan la papeleta que cogen y otros que exhiben su apuesta. Tal cual como una quiniela. Es como si en tu sobre fuera el destino de España. El Guerrero del Antifaz en forma de papeleta electoral. Ya nadie piensa en la promesa de aquel candidato que nos va a arreglar la Casa de la Cultura y bajar el IBI. Ante la urna somos dioses decidiendo nuestro destino universal.

El orgasmo del voto este día 24. Y encima como ya no está Canal 9 (nunca le agradeceré lo suficiente a Alberto Fabra su precipitación al cerrarla) esta noche va a ser la noche de los WhatsApp y. por supuesto, las tertulias. Les espero en NEWS FM 98.7 , a escuchar en radio y en internet. Hablaremos de política.

Jesús Montesinos

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