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El pleno del debate del estado de la ciudad fue un paripé

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El pleno del debate del estado de la ciudad, no fue ni “pleno” ni “debate”, sino “medio” y todo un lamentable episodio. Veamos por qué. La ausencia vacacional de cuatro concejales del equipo de gobierno, de una corporación de 27 miembros, resultó vergonzosa.

Ya sabemos que los políticos, en general, tienen el vicio de ausentarse de las sesiones plenarias. El Congreso queda casi vacío durante plenos de simple trámite, pero cuando se trata del “Debate del Estado de la Nación”, no hay ausencias, están todos los diputados. No en vano, es la más importante sesión de cada legislatura, de la que Sus Señorías no se atreven a “fugarse”.

Sin embargo, en el municipal pleno del debate del estado de la ciudad –permítanme las minúsculas, es cuestión de rango o categoría- la falta de esos cuatro ediles del partido que gobierna fue un “cantazo”. Se notó mucho, siendo a la vez bastante criticada. Con ello, el Partido Popular demostró su desinterés en conducir el pleno supuestamente más trascendental de la legislatura municipal –y más, a escasos diez meses de elecciones locales- de la forma más favorable a sus intereses, y con toda la mayoría parlamentaria de la que dispone, es decir, con todos sus ediles al completo. Y no lo hizo. Desidia pura.

El equipo de gobierno actuó vacío de argumentos, desorientado, despreocupado y desinteresado por los temas a tratar. Los ediles gobernantes parecían estar en el limbo o en otra parte. Ya se intuía que el pleno no resultaría constructivo,  cuando la convocatoria se realizó precipitadamente y con escaso margen de tiempo -49 horas antes- para que los portavoces de la oposición no pudieran perfilar sus argumentos o alegatos. Una clara estrategia de quien manda, para desarmar a sus oponentes.

Pues bien, esos cuatro sillones vacíos, demuestran de sus titulares  -por mucho derecho a vacaciones que tengan, los intereses de los ciudadanos están por encima- una clara falta de respeto institucional a la Corporación, una absoluta desgana sobre las problemáticas y necesidades de la ciudad, y una tomadura de pelo a los ilicitanos que les votaron.

Si a todo ello sumamos el bochornoso espectáculo y el vergonzoso ridículo en que se convirtió el pleno -arrojándose los trastos a la cabeza los portavoces del bipartidismo local- con evidente falta de propuestas y la ausencia de debate; podemos afirmar que, tras las vacaciones, nuestros representantes municipales han vuelto a las andadas.

El pleno del debate del estado de la ciudad fue una pantomima. Un paripé. El ilustre salón plenario se convirtió en un patio barriobajero, en un corralito vecinal, en una verbena, en un circo político con enanos incluidos y que ubicados entre el público amenizaron las intervenciones de los ediles “tirios y troyanos”.

Al igual que los recientes plenos anteriores, la sesión del debate sobre la ciudad resultó bochornosa. Como una especie de “aula escolar” pero con protagonistas ya mayorcitos, adultos y maduros que se comportaron como niños tirándose los “borras” a la cabeza.

Solo faltó que la “profe” hubiera inaugurado y despedido el “aula” a los gritos de “¡Nenes, a clase!”  y  “¡Nenes, al recreo!”.

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