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Habemus Fabram

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Desde que el pleno de las Corts Valencianes designara a Alberto Fabra como presidente de la Generalitat Valenciana (con los únicos votos a favor de los 55 diputados del PPCV) tras la dimisión en el cargo de Francisco Camps, como consecuencia de la presión que sobre el mismo ejercía el caso “Gürtel”, han sido muchos en el PP quienes han cuestionado el liderazgo de quien no fue elegido democráticamente por los valencianos y de su posible reelección como candidato del partido a la presidencia de la Generalitat Valenciana.

No hemos de olvidar que en noviembre 2013 la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, manifestó, tras el anuncio de Alberto Fabra de concurrir como cabeza de cartel a las elecciones autonómicas, que no era momento para candidaturas, dejando muy claro que era en Génova donde se hacen las quinielas. Igualmente se pronunció recientemente el Presidente del Gobierno en el Comité Ejecutivo del partido cuando solicitó que “nadie se autoproclamara candidato”. Y es que, como resaltaban algunos medios de comunicación recientemente, desde el entorno de Mariano Rajoy, y de la propia Dolores de Cospedal, se afirma que el PPCV tiene un problema de liderazgo, por lo que ya se habrían iniciado maniobras tendentes a tantear las distintas posibilidades, aunque sin descartar, por el momento, al President como cabeza de lista.

Son varios los nombres que suenan con más fuerza, en caso de un hipotético reemplazo. El nombre de José Manuel García-Margallo ha sonado con fuerza en Génova, sin embargo la edad del actual Ministro de Asuntos Exteriores supone un hándicap importante. Otra de las opciones, la Secretaria General de los populares valencianos y Consellera de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente, se ha auto descartado recientemente, al igual que hizo Rita Barberá, al asegurar que sería postularía nuevamente como candidata a la alcaldía de Valencia pese a los rumores surgidos tras el encuentro con Rajoy (a espaldas de Fabra) y el eurodiputado Esteban González Pons, que también ha decidido retirarse de una hipotética carrera. Las quinielas también señalaban a la joven la Consellera de Cultura, María José Catalá, pero las recientes dimisiones de importantes cargos dentro de la Conselleria y sus coqueteos con los postulados de Escola Valenciana han terminado por alejarla de los puestos de salida, máxime tras la reactivación por el PPCV del falso discurso valencianista de cara a las próximas elecciones.

Dicho esto, no parece que el Jefe del Consell vaya a tirar la toalla, más bien todo lo contrario parecen sugerir sus últimos movimientos: primero reafirmando su candidatura ante una multitud de militantes en la cena de inicio de curso; después consiguiendo el respaldo de quienes, se suponía, eran sus posibles adversarios (Margallo, Rus, Pons y Barberá) y por último, nombrando a su principal rival, Isabel Bonig, directora de campaña de las próximas elecciones autonómicas y locales de 2015.

Sin embargo, los continuos desplantes del Gobierno de Mariano Rajoy para con los valencianos, en lo que respecta a la mejora del sistema de financiación, está dejando en evidencia al Presidente de la Generalitat Valenciana ante su electorado. Es normal pues que Alberto Fabra, ante una política de Rajoy y Montoro que ha supuesto una caída de cerca del 40 % en los dos últimos años en los Presupuestos Generales del Estado respecto a los anteriores para la Comunidad Valenciana, no se canse de reclamar la financiación “que merecen los valencianos”, máxime ante la inminente presentación de los nuevos presupuestos que, con toda probabilidad, no van a mejorar respecto a la Comunidad Valenciana. ¿Ha cogido el Presidente Fabra el toro por los cuernos? Sinceramente sus continuas declaraciones tienen cada vez más pinta de intentar sacar pecho ante los de casa que conseguir efectividad ante los de fuera.

Lo cierto es que, pese a quien pese, será Génova quien decidirá en diciembre a quien nombra candidato, cuando las encuestas revelen con más claridad lo que presumiblemente pasará en las elecciones de 2015. Rajoy tendrá que decidir entre postular a un presidente que no quiere y al que ha colocado en una situación muy complicada, o a un títere (aún más) que sea de su agrado. Al electorado del PPCV, ni preguntar.