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Juan Ángel Castaño y 30 años de ‘Para Bailarinas Ambiciosas’

ManuelValero

Por Manuel Valero. Los finales y principios de año, como suele ser costumbre, son propicios para realizar balances. En nuestro caso, en el campo que nos atañe, la poesía no es una excepción. Sin embargo, las siguientes palabras no están dedicadas a publicaciones de cuño reciente o panorámicas generales. Este escueto artículo se centra en el aniversario de un poemario (¡treinta años!) que no ha recibido la repercusión merecida. Como ya hemos señalado en otros lugares, el estudio de la Literatura (perdón por la mayúscula) según un método escolástico – y bajo la alargada sombra del positivismo – provoca graves lagunas, que sin duda afectan de forma más violenta a las producciones textualesde ámbito local.

Pues bien, Juan Ángel Castaño, protagonista de estas líneas, es un claro ejemplo de aquello a lo que nos referimos cuando proponemos el concepto de extrarradio positivista: un autor literario de cierta altura que ha sido solapado por la turba publicitaria de la mercadotecnia que lucha en pos del centro y orbe canónicos. Castaño nace en la ciudad de Elche el año 1961 y desde bien temprano recibe el pupilaje de su tío Pascual Micó, uno de los poetas que – como ya hemos dicho en más de una ocasión – instaura la primera piedra de la tradición literaria ilicitana más reciente. Micó orienta el gusto estético del jovencísimo Juan Ángel, pone a su disposición la biblioteca familiar e incluso es el enlace perfecto a la hora de contactar con Gerardo Irles, otra figura insustituible del panorama ilicitano contemporáneo.

Por otro lado, y valga como matización, no puede afirmarse que Juan Ángel Castaño sea un completo desconocido. Los primeros coqueteos literarios del escritor tienen lugar a finales de los años setenta, con poco más de quince años y gracias a una tertulia íntima de la que formaban parte Gerardo Irlés, Pascual Micó, su hermano Vicente (de forma ocasional) y él mismo. A partir de los años ochenta, Castaño protagoniza varias publicaciones comarcales de gran calado. De tal manera que colabora en la reordenación y publicación de la Obra poética de Pascual Micó (fallecido en 1981), aparece en un especial sobre literatura ilicitana de la revista Forma Abierta, forma parte del premio literario Café Marfil o la revista L ́Arrel y por último, hecho que motiva nuestro discurso, ve la luz su primer poemario bajo el título de Para bailarinas ambiciosas.

Dicha publicación se imprime en el año 1984 y cuenta con una tirada de trescientos ejemplares (numerados) en el sello editorial Malvarrosa (Valencia, 1983-1990). El libro se compone de 23 poemas y está dividido en tres partes: Preludios, Poemas de repente y Alborada. El propio autor señala la cronología de los textos: la primera página indica que estos poemas fueron escritos entre los dieciocho y veintidós años (noviembre de 1979 y diciembre de 1983). Pese a su breve extensión, este poemario muestra una gran riqueza formal que se apoya en el ludismo y el clima juvenil – aparentemente (¡solo aparentemente!) descuidado – que deja paso a una poesía arropada por el sentimentalismo de fondo desgarrado y la frivolidad del hecho literario.

En términos generales, Castaño anticipa cuáles serán las claves de libros posteriores como Elegías y Haikus o Seis estaciones: unas gotas de culturalismo y elevación intelectual que no se desengaña de la sencillez.

El verso inicial (los poemas son absurdos como las caricias) sugiere una idea aproximada de la actitud ética y estética del poeta que tenemos ante nuestros ojos. Como puede imaginarse por su temprana edad, la atmósfera infantil es una de las presencias más importantes. Sin embargo, no se limita a la inocencia o a la rebeldía.

Este clima (que hemos denominado juvenil) es un acompañamiento perfecto para la sencillez cargada de profundidad. (Ya se sabe, la expresividad siempre es un arma de doble filo). Esta multiplicidad de matices, tonalidades y lecturas se hace posible gracias al empleo de elipsis expresivas y a una imaginería rasa – rica y poderosa a su vez – que juega con el simultaneísmo y el verso corto / preciso. Castaño traza su propia geografía sentimental, que es tanto como decir que traza su propio vitalismo poético. Una composición como “Actitudes”, de las más relevantes del conjunto, puede ser un buen ejemplo a este respecto.

Para bailarinas ambiciosas es un reflejo fiel de el tiempo sin tiempo de los besos donde las caricias son nombradas. La fragmentación discursiva, ciertos destellos de preciosismo y la fórmula irracional (mediante enumeraciones caóticas o la escritura automática) dan buena cuenta del momento de composición; pudiéndose citar la huella novísima (¡otra vez Castellet!) o, si se prefiere, de parte del sesentayochismo. Otra de las características más destacables del poemario es una voz poética que, en muchas ocasiones, asemeja un susurro. Castaño afronta la impostura del escritor, la insumisión contra un sentido humanista de la creación, ya que pone en juego la propia autonomía del poema (algo propio de las vanguardias de principios del XX) mediante la utilización del poeta como un elemento discursivo más: el escritor como espectador de su propia literatura.

Finalmente, y sin ánimo de extendernos en los pormenores de la publicación, queremos reivindicar la lectura de Para bailarinas ambiciosas. Juan Ángel Castaño, escritor persistente que ha organizado numerosos eventos culturales en su localidad natal, celebra los treinta años de su primer poemario. Por este motivo, por el desarrollo de una bibliografía consolidada, por su ilicitanismo – obra de la devoción más que de la vocación –, ¡felicidades Juan Ángel!.

MANUEL VALERO GÓMEZ

DOCTOR EN LITERATURA ESPAÑOLA

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