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La escandalosa reforma de la Ley de Puertos valenciana

Mariano AyusoMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal - Colaborador de ElcheNews

La previsión de una reforma de la Ley de Puertos de la Generalitat que realiza la Ley de acompañamiento de los presupuestos de ésta para 2016, en la que se deroga la preferencia de los Clubes Náuticos para la adjudicación de concesiones portuarias en el ámbito de la Comunidad Valenciana, ha supuesto un escándalo en el II Simposio de Clubes Náuticos celebrado hace unos días en Mallorca.

El Presidente de Puertos del Estado, y el Asesor Jurídico de esta entidad estatal, se han sumado a las voces de los responsables de los Clubes Náuticos de toda España en la denuncia de lo absurdo de esta reforma. Por ella se pretende derogar la preferencia que gozan los Clubes Náuticos –como entidades sin ánimo de lucro y con finalidad de promoción del deporte- para el otorgamiento de las concesiones portuarias.

En la Ley de Puertos del Estado esta misma preferencia sí está recogida –de la cual se tomó la excepción del concurso abierto en favor de los clubes-, así como en abundante legislación autonómica.

La derogación de esta excepción en la legislación valenciana implicará la virtual privatización y mercantilización de los espacios náuticos deportivos de los puertos de competencia de la Generalitat –no así en los de competencia del Estado-, con la obvia ventaja para las arcas autonómicas (que parece ser la razón de peso, junto con intereses particulares empresariales no tan claros) y el consiguiente deterioro para la promoción deportiva y los aficionados. Sobre todo para los de utilización de pequeñas y medianas embarcaciones, pues la excepción a favor de lo Clubes Náuticos exige que el 80 % de los atraques se destinen a embarcaciones de menos de doce metros de eslora.

Con la privatización y mercantilización se van a ofrecer al mejor postor las concesiones de nuestros puertos, sin reserva alguna para el deporte aficionado y asociativo. Obviamente ello redundará en beneficios fiscales –si es que las marinas de lujo resultan sostenibles y salen adelante, cosa que ha sido difícil en las últimas experiencias-, pero supondrá un grave perjuicio para el deporte aficionado, para la calidad de nuestras costas y de nuestro turismo náutico, por el déficit de promoción de competiciones deportivas y el eventual expolio ambiental que siempre implica la completa mercantilización del uso y explotación del dominio público. Obviamente, esto puede prevenirse imponiendo en los concursos abiertos a la libre competencia empresarial importantes restricciones y obligaciones de promoción deportiva, pero -en tanto que estas restricciones sean realmente efectivas-supondrán la no concurrencia o el “aflojamiento” paulatino de la rigidez administrativa.

Además, ha causado sorpresa mayúscula –escándalo lo he llamado inicialmente- que la Generalitat haya invocado la Ley de Unidad de Mercado para decir que viene obligada a esta medida. Precisamente, la unidad de mercado español supone el mantenimiento de la excepción a favor de los Clubes Náuticos, pues la norma en la legislación de los puertos del Estado y en los de numerosas normativas autonómicas. Tampoco cabe invocar la normativa europea, pues la Directiva de contratación invocada por la Generalitat contiene importantes excepciones en favor de las concesiones del y en el dominio público marítimo, además de no estar cuestionada la corrección normativa estatal –que, como ya he dicho, sí contiene la excepción- en relación con la normativa europea.

Parece más bien que se trata de una presión -arrastrada desde la anterior legislatura- de ciertos lobbies empresariales interesados en conseguir jugosas concesiones, con la connivencia de algunos estamentos administrativos.

Lo que nadie acierta a entender es como los actuales partidos en el gobierno de la Generalitat –tras las posiciones favorables a la promoción de las actividades deportivas y a las entidades sin ánimo de lucro en esta materia, cuando estaban en la oposición- han asumido esta reforma privatista y mercantilista extrema.

Esta extrañeza y unas malévolas interpretaciones sobre la Comunidad Valenciana y sus peculiaridades –a las tristemente estábamos acostumbrados y que esperábamos hubieran terminado- han tenido que soportar los asistentes valenciano al Simposio.

Artículo escrito por Mariano Ayuso Ruiz-Toledo

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