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La ira y el Cojo Manteca

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Según los diccionarios sociológicos la ira es una emoción que expresa un sentimiento de furia que acaba encauzándose contra algo o alguien. La ira, la rabia, también necesita de un contrapeso que es el desahogo, que se encuentra en dos copas de buen vino, una buena sesión de deporte o cuando se trata de ira social buscar un referente personal o colectivo en el que desahogarse. Hoy la ira de los españoles busca el desahogo en Podemos. Como en su momento lo encontramos idealizando al Cojo Manteca, la huelga general del 14D de 1988 o en tiempos de Franco al Lute.

Por eso las encuestas dan a Podemos como salvadores de la patria, pero ellos mismos no están tan seguros de que puedan incluso ganar finalmente a Izquierda Unida, de no mediar más ira en vísperas de las elecciones. Y ojo, que hay ira pacífica, precipitada, estable e incluso destructiva (El Cojo).

La acción de meter la papeleta en la urna es muy reflexiva aunque parezca banal. Una cosa es protestar en el bar o en la universidad y otra votar a no se quién. Porque una cosa es que recordemos y admiremos a Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero para el desahogo de nuestra ira y otra muy distinta es votar en las municipales y /o autonómicas a uno de mi pueblo que no es capaz de decirme qué va a hacer para que La Fe funcione mejor o cómo pagará els bous al carrer de las fiestas del año que viene.

El estadio de ánimo en la calle es de #hartazgo y eso lleva a la #ira. La mano que mueve la cuna y la idiosincrasia choricera del sistema ha provocado estas emociones. Ha sido progresivo en la Comunidad Valenciana en los últimos años y ha estallado en España. Su suma a ello la incapacidad de los políticos del sistema por quitarse el pegamento de las manos.

No es si en el debate deben dan la cara Rajoy por Granados o Bárcenas, Artur Más por Pujol, Pedro Sánchez por Parla o los EREs de Andalucia o Cayo Lara por Moral Santín o Fabra pos Castedo. Eso son titulares que influyen poco en el estado de ánimo, queda entre ellos mismos, a ver quién es más procaz. Están encerrados con unos juguetes que a los demás nos la suda. Al contrario. Demuestran la inutilidad del modelo y los personajes. No se dan cuenta, pero la gente tiene amortizado que el sistema debe cambiar.

La cara que se nos queda cuando después de dos o tres años de imputada el PPCV de Alberto Fabra le quiere meter mano a Castedo esta semana solo porque el lunes van el Rey y Rajoy a Alicante. Lucha contra la corrupción por motivos internos. Como ahora aprovechar lo de Granados para quitarse de en medio a Esperanza Aguirre. Lo insinúa Génova y ahí van a todos a hacer méritos, empezando por Alberto Fabra en RNE. En los ayuntamientos de Castellón, Denia, o Valencia dejan de pagar a la empresa del conseguidor Alejandro de Pedro Llorca, pero no explican por qué contrataron con ellos. ¿Cuánta comisión corrió por el medio?

No se enteran de que la ira y el hartazgo también vienen por estos comportamientos de secta. Tanta historia con la corrupción, ¿Son capaces todos esos políticos de movilizar a España por el circo que hay montado en Catalunya? Ya no es que el Gobierno prohíba un sucedáneo de consulta donde puede apuntarse uno de Algemesí o de Cáceres solo haciendo una inscripción por internet. Es que ni el 15 % de los españoles saldrían a la calle para pedir a Catalunya que no se vaya. Nuestros políticos prefieren los juegos infantiles.

El Cojo Manteca, la huelga general del 14 D son productos de la #ira acumulada por los españoles en 1987/1988 contra el gobierno de Felipe González. Las calles estaban llenas de manifestantes, la huelga paralizó España, a Madrid le llamaban el manifestródomo y la izquierda del momento se las prometía felices cosechando de la tremenda #ira reinante. Y pese a todo Felipe González solo se quedó a un escaño de la mayoría absoluta. Y en el 91, Lerma volvió a arrasar. ¿Lo sabrán hacer eso Rajoy y Fabra? ¿O estamos hablando de otro material humano?