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La legión olvidada: Los españoles en venezuela

Fachada Ayuntamiento de MadridFachada Ayuntamiento de Madrid

He leído, con estupor, el artículo de opinión “Nos ayudan bastante” de Juan José Millás, publicado en el diario Información del 31/05/16.  El señor Millás, en su afán por atacar al líder de Ciudadanos,  Albert Rivera, dice que si Rivera hubiera salido por la puerta de atrás de Europa  “… con la conciencia social que le caracteriza, no habría llegado a Venezuela. Se habría quedado en la frontera, echando una mano antes de dar una rueda de prensa para denunciar el vergonzoso comportamiento de Europa ante esa crisis humanitaria que nos importa un rábano.”  Esta frase es ambigua al no dejar claro si “esa crisis humanitaria que nos importa un rábano” es la de los refugiados que llegan a las costas europeas o la crisis venezolana (sobre la cual el líder de ciudadanos dio, efectivamente, una rueda de prensa).

 

En el caso de la crisis de los refugiados del mediterráneo, si bien es verdad que no se hace lo suficiente, también es verdad que tiene una amplia proyección y repercusión social promovida, fundamentalmente, por los medios de comunicación.  Es normal ver colgados de los ayuntamientos letreros de “BIENVENIDOS REFUGIADOS”; asistimos a la visita de la alcalde de Barcelona a la ONU para pedir que Barcelona se declare “Ciudad refugio”; vemos continuamente a voluntarios españoles asistiendo en las labores de rescate y asistencia a los refugiados; se acoge a un niño enfermo y a su familia con gran cobertura mediática, etc, etc, etc.  Y todo esto a pesar de que estos refugiados, en su gran mayoría, no quieren venir a España, prefieren ir a Alemania o Suecia.

La crisis venezolana, por el contrario, no recibe más cobertura que la que se dedica a la controversia electoral, a la confrontación de ideologías, de sistemas de gobierno, de líderes políticos.  La crisis humanitaria venezolana, en realidad, “…nos importa un rábano” a pesar de que existen razones de peso para que fuese el centro, o al menos un tema relevante, en nuestro “buenismo” social.

Existen razones políticas, económicas y socio-culturales.  El recientemente fallecido Miguel de la Quadra-Salcedo decía que “No se puede entender España sin haber viajado a América” y Antonio Gala escribe “en América es donde España se hace grande…” Pues bien, para los que no se hallan enterado, Venezuela está en América, en la América Española, en la América Latina, allí donde España se hace grande.  Ante la crisis venezolana se puede hacer retórica y hablar de “nuestros hermanos de Venezuela” como hizo el Presidente Rajoy, o del “realismo mágico político” como hizo el ministro Margallo, y se puede también tratar de mediar, influir o simplemente mantener vivo el interés en el conflicto llamando a una reunión del Consejo de Seguridad Nacional o mediante visitas como las de los expresidentes González y Zapatero o la de Albert Rivera.  Se puede también permanecer indiferente y criticar cualquier iniciativa que se tome, siempre que, claro está, América nos importe un rábano… Esto último sería una manifestación indeseable de autismo político porque España solo superará la crisis endémica en la que vive inmersa cuando, con los pies bien plantados en Europa, extienda los brazos hacia América, esa  América donde Rubén Darío escribió “Tened cuidado. ¡Vive la América española!”

Existen también razones de sangre.  En los años 50 y 60 del siglo 20 emigraron a Venezuela, con sus hijos, aproximadamente 500.000 españoles.  Para ellos no hubo “españoles por el mundo”, simplemente se fueron.  Los exiliados políticos llegaron en avión, los emigrantes en barcos de la Trasatlántica Española, y los menos afortunados en pateras…Todos se fueron pensando en volver (cosa que la mayoría no logró) y durante años enviaron “remesas” en sobres de correos, para mitigar las necesidades de sus familiares en España.  Eran admirados, eran la tabla de salvación para muchas de las familias dejadas atrás.  El BOE del 15/12/2006 reza: “…la entrada de divisas enviadas por los emigrantes permitió sufragar parte del déficit comercial y equilibrar la balanza de pagos… de España en los años sesenta y setenta”.  Estos emigrantes fundaron Casas de España; vestían a sus hijos en trajes de flamenco o de baturro; sacaban las banderas españolas a ondear cuando jugaba “La Selección” y mantuvieron vivo en sus hijos y nietos el amor a España.  Venezuela, país muy rico hasta hace poco, se portó muy bien con ellos y sus hijos pudieron estudiar en las mejores universidades del mundo, se hicieron ingenieros, médicos, abogados, profesores universitarios, periodistas, actores etc. y siempre con España en su mente; para venir de vacaciones cada vez que podían, para favorecer a las empresas españolas cuando les era posible, para promover convenios de intercambio cuando les era factible y para mantener, en fin, una presencia viva de España en Venezuela, en América.  De esos 500.000 originarios solo quedan 54.000 ya con 60 o más años de vida y con sus hijos y nietos nacidos en Venezuela pueden llegar a 200.000.  Son “La Legión Perdida” de España.  Hoy sufren las mismas calamidades que la mayoría de los venezolanos, sumidos en una crisis propia de países en guerra: 25.000 muertes violentas al año (el país mas violento del mundo sin estar en guerra, con más muertos que Iraq o Afganistán); los secuestros son comunes; no hay comida, ni medicinas; se restringen los servicios de luz y agua; el sistema jurídico no funciona; la moneda no tiene valor; la inflación ronda el 800%; etc. etc.  La bandera Española la dejaron en un rincón cuando vieron al Sr. Pablo Iglesias decir que “envidiaba a los españoles que vivían en Venezuela…”  Algunos se han arriesgado a regresar a España, son los “retornados”, y han encontrado que no tienen ningún derecho: para ellos no hay pancartas de “BIENVENIDOS RETORNADOS”, ni alojamiento temporal para refugiados, ni tienen derecho a tarjeta sanitaria, ni posibilidades de trabajo. No saben para que les sirve el pasaporte Español pues…“como Ud. no ha cotizado, no tiene derechos…” Ud. Tiene menos derechos que un refugiado de Eritrea, Ud…no importa un rábano…o, en términos más venezolanos…no nos importa un carajo!

Antes de terminar quiero recordar a la Sra. L. cuyo corazón Español, Andaluz, simplemente dejo de latir en Venezuela tras cuatro días sin poder recibir su medicina.  Esto puede que no sea tan conmovedor como la imagen de un refugiado descrita por el Sr. Millás “…con fiebre, con forúnculos, con muletas… ciegos y tuertos y cojos, casi todos con muestras de raquitismo…” pero para mí sí que lo es, porque era mi madre.

No sé si, como insinuá Juan José Millás, el Sr. Rivera sea un “sinvergüenza” que fue a Venezuela a buscar “votos baratos, de los que se obtienen llorando en público” lo que sí sé es que, aparte de compartir sus lagrimas, mi voto, desde luego, se lo ganó.

Aniceto Salmerón

Profesor Titular Jubilado

Ingeniero, Ph. D.

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