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Las bragas de Pedroche y el pasillo al Madrid

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Alberto Fabra ha obtenido una gran victoria moral, y puede que también práctica: ya no tiene imputados por corrupción en su grupo parlamentario en Corts. Empezó con 11 y ya no tiene ninguno. Hasta hace nada se pensaba que acabaría enero con 2 (Costa y García), y que uno de ellos igual no se marchaba ni al final de la legislatura. Pero no, ha conseguido que ambos hicieran las maletas en la simbólica fecha del primer día hábil de 2015, cuando todavía estaban “calientes” las salidas de la vida pública de Castedo y Cotino, que eran caza mayor. Al principio de la legislatura nadie apostaba porque Fabra lo lograra. Tampoco porque su controvertida línea roja llegara a exportarse al resto de España, y, desde lo de Rodrigo Rato y contra la doctrina Cospedal de esperar a la apertura de juicio, así ha sido. Habrá que reconocérselo. Génova también. Por cierto: en Madrid-Madrid están tan expectantes como aquí por la designación de candidatos. Que ya les vale a los del PP que en pleno alud de primarias en el resto de partidos tenga que ser el designio de una sola persona (dos, si contamos a Arriola) el que los decida. Por cierto, los sustitutos del castellonense Costa y la alicantina García en Les Corts serán Verónica Hernández (que tiene una farmacia) y Rodríguez Galant (que tiene un restaurant, y perdón por el pareado). Más variedad empresarial, imposible.

A Fabra, si es el elegido, que yo creo que sí, la vale la baza anticorrupción, le vale que Montoro haya aflojado la mosca aunque sea por la vía de la caridad y no de la justicia, y le vale el guiño que se prepara al valencianismo, tan ayuno de gestos, y tan escaldado por la tibieza institucional hacia quienes no creen en la identidad diferenciada de la Comunidad hasta la llegada del conseller Santamaría, que parece llamado -si las enmiendas populares a la Ley de Señas no son moneda de cambio negociadora- a ser quien reconozca una de las grandes reivindicaciones de ese sector del electorado, les Normes de El Puig. Pero hay partido. Va a haber que escuchar -ahora sí- con atención a Jaime Paulino, flamante secretario general valenciano de Podemos, a cuyas puertas sigue llamando implorante IU aquí y allá (hasta Anguita ofrece la experiencia de la coalición al impulso de los de Pablo Iglesias). Tanto como lo que puedan innovar respecto a sus mensajes ya conocidos para mejorar sus expectativas electorales tanto Mònica Oltra en Compromís como Ximo Puig en el PSPV. El socialista -cada vez más protagonista a nivel federal- ha logrado traerse a Valencia una segunda reunión nacional del PSOE: tras la de la corrupción (que le afeamos. Para hacer un documento contra la corrupción no hace falta ligarla al nombre de Valencia) van a hacer aquí la convención autonómica socialista (que le aplaudimos porque eso sí le da nombre en positivo a la Comunidad).

Hablando de partidos: a pocas horas de que se dispute un Valencia-Madrid que no tiene a Montoro y Fabra o a Puig y Sánchez por contrincantes, me pregunto por la oportunidad de que el club de Mestalla le haga el pasillo al del Bernabéu por su último trofeíto, perdón, Mundialito. Y llego a la conclusión de que Salvo y compañía, hábilmente, lo han programado para conseguir desde antes de que empiece el encuentro que el público silbe al rival. Genial. Lo que, desde luego, me parece mucho menos oportuno es que Vicente Boluda, de profesión gran empresario, ataque a Peter Lim y le critique por comprar un Valencia en riesgo de desaparecer (que los patrones locales se negaron a salvar) al grito de «no entiendo qué narices hace uno de Singapur comprando un club de fútbol aquí». Sobre todo porque hay muchos aquí que no entienden cómo un gran empresario de Valencia que va de valenciano y conoce los sentimientos que el club de Concha espina genera en Valencia aceptó presidir el Real Madrid.

De lo de las bragas de la Pedroche la verdad es que no me acuerdo qué quería decirles, ustedes disculpen.

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