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Las burbujas de Podemos

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Desde la aparición del fenómeno Podemos en el escenario político español hemos asistido a la categorización del efecto desafección, como principal causa de ese distanciamiento entre los ciudadanos y sus representantes. Los círculos progresistas de la intelectualidad han generado una cruzada contra nuestro sistema político en general y contra uno de sus principales elementos, los partidos políticos en particular, como responsables de establecer una partidocracia hegemónica que ha dejado de lado al principal actor de la acción política, el ciudadano.

Razones no les faltan, pues son muchos los errores que las grandes formaciones políticas han cometido, propiciando un ambiente endogámico e impermeable a la realidad social. De ahí las continuas referencias a la enfermedad de nuestra Democracia que día a día va agravándose por la posición monolítica de los Partidos y su reflejo en la Participación. Los datos son contundentes, y la evolución de la abstención un hecho agravado por las consecuencias de la crisis, cuyo mejor exponente fueron las europeas. Un coctel explosivo en el que algunos trazaron una estrategia calculada para generar su propia Arcadia, buscando una interacción que les permitiera inculcar sus “nuevos” valores a la sociedad.

Para Easton dichas interacciones operan de la siguiente forma: Se genera un flujo entre inputs y outputs. Los inputs son las demandas y apoyos que el sistema recibe de la sociedad o de otros entes y los outputs son la respuesta del sistema a aquellas demandas. Esto se ha denominado circuito de retroalimentación (feedback loop) y permite sondear el estado del sistema y corregir errores y perturbaciones. Sorprendentemente el sistema aquí se ha visto superado por un elemento que busca su eliminación desde las tesis del más puro populismo.

Según reza en su propia web,” Podemos nace con la voluntad de construir una forma nueva de hacer política, y para ello estamos construyendo una estructura transparente, ciudadana, abierta, democrática y eficaz. Una organización que responda al impulso democratizador de Podemos, en la que discutamos, debatamos y decidamos entre todos y todas”. La generación de nuevas interacciones que potencien una participación, es decir, “tomar parte”, convertirse uno mismo en parte de una “organización” que reúna a más de una persona.

Los mismos que proclaman la caída de las arcaicas formaciones políticas generando una nueva “organización” desde ese populismo deliberativo, obvian la reflexión del mismo Lenin, “¿De qué manera se puede determinar la voluntad de una amplia capa, de unos cuantos cientos de miles o unos cuantos millones de personas?” sería absolutamente imposible determinar la voluntad de esa capa si ésta no se encuentra estructurada en una organización. Y en la generación de esa tecno-estructura se han generado otras de sus grandes contradicciones, pues el control del “aparato” ha sido total a tenor de los resultados y los propios comentarios de sus entregados seguidores.

Tras una afiliación masiva, más de 314.000, con capacidad de participar en ese utópico concepto de “ciudadano total”, y ante los “nuevos” mecanismos de participación, de los que habían hecho santo y seña, los datos arrojados en los procesos internos han sacado a la luz las propias miserias que tanto han criticado. ¿Son realmente todos los que son?, o hay que diferenciar entre aquellos que participan activamente y que han disminuido de forma drástica proceso a proceso, poniendo en cuestión sus propios enunciados programáticos y socavando la misma legitimidad de unos procesos donde la abstención ha ido consolidándose mayoritariamente. ¿A quién ha favorecido toda esta movida tan bien difuminada por los medios y ocultada a la realidad?, ¿Cómo se puede liderar un movimiento de ruptura sistémica que no consigue movilizar a sus propios militantes, por otra parte, definidos como pro-activos democráticamente?, ¿Cómo puede ser que cuántos más afiliados tienen, menos gente vota?.

Demasiadas grietas empiezan a aparecer en ese muro ideológico levantado desde los laboratorios sociales, como burbujas que se desvanecen en el aire. Toda una apuesta para la ceremonia de la confusión que busca influir en los dos motores de la participación. El ambiente y el individuo, los verdaderos anclajes de la vida social.