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Mi casa

William VansteenbergheWilliam Vansteenberghe, colaborador de Elche News

El escritor escocés J H Goring, escribió una frase de especial interés cuando hablamos de la pertenencia del ser humano a un espacio o a un grupo nacional: “El Alemán vive en Alemania, El Parisino vive en París, el Turco vive en Turquía, pero el Inglés vive en su casa”.

Teniendo en cuenta que Alemania no había invadido a nadie aún, solo el Inglés podía sentirse en su casa en el Mundo entero, ya que por la fuerza de la armas, y del comercio injusto, dominaba las dos terceras parte de la Orbe.

Es decir que millones de personas anglosajonas se lanzaron en las cuatro direcciones del mundo a colonizar y fundar. Además lo hicieron con una visión antropocéntrica unidireccional, vamos a hacer del Mundo nuestra casa. Esta fue la primera globalización intentada a la fuerza.

La segunda, la que vivimos en esta ocasión, sin que nadie nos haya pedido el democrático permiso, en la que la mayoría de los tratados que impliquen el ámbito mundial, se negocian en la actualidad en Bruselas sin luces ni taquígrafos, aunque deban luego pasar por la aprobación de un sinfín de mecanismos parlamentarios, que no incluye, un referendo a nivel Europeo, sino país por país, con el fin de evitar un rechazo global, y sin ninguna posibilidad de enmendar el texto final.

Uno de estos tratados de gran calado es el que facultará una zona de libre comercio entre los EEUU y la Unión Europea, el famoso TTIP, o La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión.

Un vez más se impone la mentalidad de los que mandaron en el Mundo durante más de dos siglos, los anglosajones y su aproximación al mundo del trabajo como lo único que dignifica la vida del ser humano y que es valioso ante los ojos de Dios. Lo que llamamos neo liberalismo, solo puede ser entendido desde la religión Protestante, el Éxodo de los colonos a los EEUU, y la derrota del Bloque Comunista, que no de la teoría Marxista que no cesa de resucitar, gracias a los abusos del gran Capital.

A la sombra de los grandes titulares, esta acción de Gobierno está a punto de ser aprobada, y supondrá una serie de cambios definitivos en el caso de las relaciones laborales y empresariales, y la colonización de Europa esta vez con las ideas que han hecho fuertes y a la par tremendamente débiles a los EEUU. Desde la derrota de Teodoburgo, los germanos no habían finiquitado de forma más eficiente el pensamiento derivado del concepto latino y eslavo del mundo.

Riesgos para la ciudadanía Europea:

La pérdida de derechos laborales, ya que EEUU sólo ha suscrito 2 de los 8 Convenios fundamentales de la OIT, la limitación de los derechos de representación colectiva de los trabajadores, el olvido del principio de precaución en materia de estándares técnicos y de normalización industrial, la privatización de ciertos servicios públicos, por el establecimiento de una lista reducida de aquellos que no se pueden privatizar, el riesgo de rebaja salarial, teniendo en cuenta el efecto que pudiera tener el NAFTA -y los sueldos más bajos de México- y el eventual acuerdo transasiático.

Riesgos para la ciudadanía estadounidense:

Las cinco amenazas mayores serían las siguientes: Una mayor dependencia del petróleo si se consuma la restricción a la utilización de los carburantes menos contaminantes. El no etiquetaje de productos modificados transgénicamente, la eliminación de reglas sobre los mercados financieros, más estrictas en la actualidad en EE.UU. La eliminación de las evaluaciones independientes de los medicamentos no producidos en los EEUU, y la eliminación de las reglas de preferencia nacional en los contratos públicos.

La globalización empresarial sigue ahondando en su revolución, ya que carece de todo contrincante de igual fuerza enfrente para poder contrarrestar los abusos de todo Monopolio. De esta debacle, organizada por las personas que votamos en unas elecciones a las que prestamos nula atención, las europeas, nacen las revueltas sociales que desembocan en partidos de corte cada vez más extremo, y sobre todo la dejadez en abordar con rigor los problemas de descohesión social que acarrean estas decisiones, que van a influir en grandes movimientos de población, que serán frecuentes, altamente diversos y multidireccionales, haciendo imposible una intervención coherente de cualquier entidad política solo interesada en el beneficio inmediato de las políticas de deslocalización, tal como podemos observar en la gestión desastrosa e ignominiosa de la crisis de los refugiados sirios.

Por último destacar que en esa política de apoyo desaforado y único a las empresas, que estas, de momento, han sido incapaces de crear empleo de calidad, al carecer de la capacidad de hacerlo en un mundo altamente volátil, y donde son esclavos de su agenda productiva. Por lo que la libertad dada a este sector solo ha sido útil a la hora de abaratar los costes de la producción ya asentada. Si la gente no aumenta su consumo, está claro que las empresas son incapaces de promover empleo. De nuevo hemos ido a conquistar y fundar pero esta vez de puertas para dentro, olvidándonos que en el equilibrio está la virtud. No hagamos los europeos una casa para los únicos que no se fían de estar en ella, los anglosajones.

Artículo de colaboración de William Vansteenberghe

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