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Piratas

William VansteenbergheWilliam Vansteenberghe, colaborador de Elche News

La memoria es  muy corta y ya empiezo a entender los esfuerzos de muchos para que no se olviden los crímenes de lesa humanidad.

Un día de 1973, fueron llamados a las urnas los franceses para aprobar o rechazar la entrada de la pérfida Albión en  la CEE, corrían muy malos tiempos para todos, pero especialmente para el Reino Unido inmerso en huelgas y en una reconversión industrial lastrada por el peso excesivo de los Sindicatos. Toda una serie de Gobiernos débiles y malas decisiones económicas hundieron a la Gran Bretaña en una depresión que afectó hasta a su fútbol. El 67 % de los franceses votaron a favor de la entrada, superando así dos vetos consecutivos, el de1963 y el de 1967. Edward Heath, conservador, reunía de nuevo a Europa por el Norte, y finalmente en el referendo de adhesión de 1975,  el 67% de los británicos estamparon su si a la CEE.

Eran ellos, con sus condiciones los que tocaban a la puerta del Continente. Los franceses enemigos jurados, no estaban por la labor, pero la presión de los demás miembros para superar las rencillas milenarias entre los primos, con el fin de no dejar fuera de la construcción del entonces sueño europeo, a uno de sus valedores más importantes a nivel de cultura, de tradición, en resumen Europa con razón, no se entendía sin Inglaterra. Entonces la singularidad insular, no parecía pesar tanto, lo que importaba era la estabilidad del Club, recuperar credibilidad internacional, tras la desimperialización, y creer que Europa iba a crecer e Inglaterra con ella.

Pronto se impuso un hábito muy británico, el famoso, “en principio no“, que ralentizó todos los tratados y las discusiones, como si Inglaterra tuviera un derecho implícito de particularidad para tener voto y medio. No negando las particularidades de una isla, que las tiene, buen sabedor de ello soy, por haber vivido en dos, no se puede transformar en un caballo de batalla que asoma con su dueño en todos los campos y salones. Otros países arrastran situaciones que han hecho de ellos islas implícitas, por retraso histórico, incapacidad de crear un ámbito territorial estable, una pobreza crónica, y todos han sido tratados sin miramientos a la luz de la misma lupa que para las democracias consolidadas, Nuestro país sin ir más lejos cumple varias particularidades que deberían ser defendidas como únicas, así como Grecia con su gran insularidad, y Portugal con la suya, además del retraso democrático en el Este. Pero claro todo ello ralentizaría todo acuerdo sine die.

Pero hasta ahora todo europeo tenía aparentemente el mismo valor, de hecho muchos juicios de discriminación a ciudadanos europeos sitos en otros países se ganaron gracias a estas normas defensivas, En este momento ya no será así. La Ley igual para todos, se ha frenado o muerto, la más importante de todas, la que existía para promover la emigración interna y la única herramienta para diluir los países recalcitrantes a la hora de profundizar en la construcción social de Europa.

Tal como ha exclamado el mediocre político Cameron, quién ve victorias donde se pudren las derrotas, no olvidemos que la City estaba temblando ante la idea de salir de la Unión,  para ser pirata, necesitas una víctima,” I don’t like Brussels, I’m the English Primer Minister“.

Más claro el té inglés.

Por lo que me veo forzado por primera vez en mi vida a desear la salida de un Estado de la Unión, que ha hecho de todo para lentificar durante 40 años, tal unidad, y que ahora, y por ello mi deseo de expulsión, destruye la poca igualdad entre ciudadanos que existe.

Espero que la ignorancia se imponga el día del voto inglés, y salgan por ellos mismos, ya que Brussels no ha sido capaz de dejarlos ir, de la misma forma que fue incapaz de detectar que no estaban listos para entrar.

Habrá que darles la razón a los escépticos, para que vivan el día después del no,  y para que ambas partes aprendan de sus errores, el tiempo es sabio y volverá a haber un referendo más tarde, para permitir a los ingleses regresar, con complejo de isleños, pero con respeto a los demás.

Artículo de colaboración de William Vansteenberghe

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