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Por alusiones, señor Rivera

Mariano AyusoMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal - Colaborador de ElcheNews

Disculpe usted, señor Rivera (D. Alberto) que le moleste con estas nimiedades en plena campaña electoral de su partido –que no suya, pues creo que no es usted candidato, pero resulta obvio que asume usted el peso de esta campaña por su indudable liderazgo y carisma- del cual constituye el principal activo.

Me atrevo a molestarle, como digo, en estos críticos momentos, pero es que me siento aludido con unas declaraciones suyas y me permito pues –siguiendo la praxis parlamentaria, que le será familiar por su dilatada experiencia en el Parlament de Cataluña- tomar la palabra –a través de los medios de comunicación, foro en el que usted ha hecho sus declaraciones- para replicarle.

Me refiero a sus declaraciones en las que afirma que para la regeneración política es preciso haber nacido después de la Constitución de 1978.

Ya sé que su intención era la de afirmar –en forma metafórica- que la regeneración sólo es posible con políticos sin un pasado turbio o con complicidades con personajes turbios o mezclados directa o tangencialmente con episodios dudosos.

Pero lo cierto es que dijo lo que dijo y en política y en Derecho –como espero que le enseñara el que fue su profesor, el Dr. Francesc Carreras- hay que medir muy bien el alcance de las palabras, incluso sus connotaciones y la percepción que de ellas puedan tener los receptores del mensaje. Recuerde la regla básica de la comunicación de que el que el mensaje llegue al receptor con el contenido sentido que quiere el emisor, es un problema y una tarea del emisor.

Pues bien, Sr. Rivera, ni en el sentido literal ni en el más simple interpretativo de sus palabras –que hace falta gente o muy joven (literal) o sin pasado político (interpretativo simple)- me parece que ha estado usted muy acertado. Tan sólo si quería decir que la regeneración no puede acometerse por personas “manchadas” o “sospechosas” podrían admitirse sus palabras y aun ello puntualizando con cuidado, y acotando, a qué tipo de personas se está refiriendo.

Mi desagrado viene del tenor literal de sus palabras y de la primera percepción y sentido de ellas, pues no tengo porqué indagar o elucubrar en su intención (aunque la presunción de inocencia –que usted le niega a los políticos veteranos- me inclina a pensar que quiere referirse sólo a los veteranos y corruptos. Y ello por dos razones básicas: porque nací veinte años antes de la Constitución y porque la práctica totalidad de los candidatos que se presentan a estas próximas elecciones y algunos de loa cuales gozan de toda mi admiración y respeto, incluso algunas/os de mi amistad, son mayores de esa cifra mágica de los 37 años. Entre otros candidatos mayores de esa edad están la práctica totalidad de los candidatos de su Partido, al menos en la ciudad de Valencia en las listas a les Corts valencianes.

Me preocupa –también- la razón de ese plazo temporal, si es por una exaltación romántica de la juventud y lozanía para asumir los cambios políticos –lo cual me parece atractivo, pero peligroso, por el resultado discutible que produjo esa exaltación de la juventud en los años treinta y cuarenta del pasado siglo XX-, o si es porque en serio piensa usted que los nacidos antes de la Constitución no hemos asumido los valores constitucionales.

En el primer caso me permito recordarle que la historia -incluso la del pasado siglo- nos enseña que la exaltación política de la juventud suele traer agazapada la manipulación por los más viejos, a veces tenebrosos, intereses.

En el segundo, debo recodarle que la Constitución, el consenso, la Transición, etcétera, proviene de personas que ya eran en aquellos años maduros y quisieron desde su ciencia y experiencia traer eso que -al parecer, según sus palabras- sólo tienen interiorizado los nacidos posteriormente.

La verdad es que no comprendo, además, porque elige el año de la aprobación y promulgación de la vigente Constitución. Podría haber elegido el año de las primera elecciones democráticas (1977) , el año de la aprobación y promulgación de la Ley Orgánica para la Reforma Política, verdadero punto de partida del cambio de régimen (1976), el año de la consolidación de la democracia parlamentaria frente al golpismo como forma de reforma política en España (pronunciamientos militares) el 23 de febrero de 1981, la llegada de la izquierda al poder sin rupturas ni traumas (1982) u otros años, pero entiendo que alguna fecha tiene que poner.

Aunque me habría gustado más que nos diera un margen a los veteranos y hubiera dicho que la regeneración democrática sólo puede venir de los que hemos vivido o la libertad y la democracia como forma normal de vida y así –por prescripción, mas que por nacimiento- los veteranos podríamos sentirnos menos excluidos.

En definitiva, lo dicho es lo dicho y hay que estar a ello. No puedo dejar de manifestarle que el polémico mensaje que comentamos –como casi todo lo que dice usted- tiene un componente de mensaje atractivo y cautivador ¡quien no se siente conmovido cuando se invoca la “giovinezza” como valor supremo! (aunque sólo sea por reminiscencias cinematográficas), pero también tengo que decirle que, para muchas cosas (entre ellas, evitar la y perseguir la corrupción), la experiencia es –junto con la ciencia- la mayor garantía de acierto y que la vida es buena escuela, especialmente de historia y –como se acepta universalmente- “los que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

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