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¿Quiénes son los desgraciados?

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Cuando uno se pone a pensar en las tropelías económicas que se han hecho en nuestra tierra, no puede menos que echarse las manos a la cabeza. Desde las traductoras rumanas del caso Emarsa, pasando por la costosa sala de comunicaciones de las Corts, hasta el innecesario aeropuerto de Castellón. Pero una cosa es lamentarse, como hago yo, y otra muy distinta llorar de la más pura desesperación. Ahora entenderán.

Si algo podemos encontrar de bueno en lo que fue una lamentable legislatura zapateril, es precisamente la ley de dependencia que aprobó el gobierno socialista en el año 2006. Nunca antes las personas dependientes habían tenido tal grado de apoyo social y económico. Sin embargo, lo que empezó como un auténtico avance en derechos sociales para uno de los sectores más necesitados, pronto empezó a ser neutralizado. Primero, aniquilando la retroactividad de la ayuda que se concedía desde el momento de la solicitud, lo que significa que el expediente concediendo la misma se resolverá cuando a las “autoridades” les salga de los cojones, pues entonces y sólo entonces empezará a devengarse la prestación. Y lamentablemente, conozco casos en los que la persona solicitante ha recibido la aprobación del expediente tras morir la persona dependiente, dos o tres años después de haber pedido la ayuda. En segundo lugar, estableciendo el copago en determinados medicamentos y servicios para las personas dependientes.

Nos despertábamos hace unos días con la existencia de “fallos” en el copago sanitario a los más necesitados. Al respecto, la Consellera de Bienestar Social, Asunción Sánchez Zaplana, afirmaba sobre el copago que se trataba de una medida que a su juicio no atentaba contra el Estado de Bienestar sino todo lo contrario. “No es un copago, es una participación del usuario en los servicios públicos que recibe pagados por los impuestos de todos“, ha llegado a decir la Consellera. Verdaderamente inadmisible, vistas las burradas que se han hecho con dinero público. Señora Sánchez Zaplana, ¿acaso no ve la injusticia de tener que pagar algo mientras nos hastiamos de ver casos de corrupción y despilfarro? Es usted el claro ejemplo de la idea que se tiene de los políticos a nivel general: un mercenario sin moral que defiende lo que le dicen que defienda. Por un buen sueldo, eso sí.

Y no es que esté en contra de la contención del gasto público, todo lo contrario. Pero recortar en lo imprescindible, y mantener lo prescindible, es lo que realmente me hace hervir la sangre. Que si Consell Valencià de Cultura, que si coches oficiales, que si teléfonos, que si puestos para enchufados en el Consell Jurídic… Están consiguiendo que el término dependiente vaya asimilándose poco a poco al de desgraciado: una persona que sufre desgracia y que inspira compasión. Sin embargo, el vocablo tiene otra acepción mucho más acorde con lo que los políticos mercenarios actuales representan: personas de malas intenciones que inspiran menosprecio.

Vicente Boluda