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¿Somos islamófobos?

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No. No somos islamófobos en los términos que proclama el grupo alemán de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente, pero no siéndolo nos causa verdadero estupor ver como bajo el grito de “Alahu al akbar” (“Dios es grande”), un grupo de enloquecidos encapuchados atenta contra la libertad de expresión del semanario satírico francés Charlie Hebdo. La grandeza de Dios no se mide por las muertes de quienes no creen en Él, sino por la tolerancia de quienes creen en Él.

No somos islamófobos, creemos en la integración social, creemos que es necesaria la convivencia pacífica entre personas de distintas razas, confesiones y procedencias, pero para que esa convivencia sea pacífica debe existir una real integración del emigrante en el país que lo acoge. Del emigrante debe aceptar las normas del país que lo acoge, y debe acoplarse a su norma y estilos de vida.

No somos islamófobos, pero debemos considerar la inmigración como un hecho estructural que ha convertido a Europa en un país de destino de los flujos migratorios y, a España, por su situación, en un punto de tránsito hacia otros Estados, cuyos controles fronterizos en las rutas desde nuestro país han sido eliminados o reducidos sustancialmente. El atentado cometido en París constituye un ataque directo a la democracia, a la convivencia pacífica y a la libertad de expresión, valores éstos que son muy costosos de lograr y que, a toda costa debemos preservar.

No somos islamófobos, pero reivindicamos una armonización europea en las legislaciones de extranjería. Los acuerdos alcanzados en octubre de 1999 por los Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros de la Unión Europea reunidos en Tampere, que trataban de garantizar un trato justo a los nacionales de terceros países que residen legalmente en el territorio de sus Estados miembros, no solucionaron el problema migratorio en Europa como hubiese sido de desear.

No somos islamófobos, por cuya razón los países deben abordar con serenidad el tratamiento que debe otorgarse a los islamistas que residen en nuestro territorio, así como el tratamiento que de forma unitaria la Unión Europea debe otorgar a los más radicales. Atentados como el de París no ayudan en nada a una convivencia pacífica, y hace que muchos europeos se pregunten ¿hasta cuándo?. Hasta cuándo tener que soportar el radicalismo, hasta cuándo la intransigencia, hasta cuándo la intolerancia, hasta cuándo la amargura de observar cómo los europeos aceptamos a los islamistas, y como éstos, no solo nos desprecian, sino que atacan a quienes no piensan como ellos.

Ayer fue una cafetería de Sidney, hoy es un semanario de París, mañana puede ser cualquier otra empresa radicada en cualquier ciudad europea. Frente a tal intolerancia, hay que decir en voz alta ¡Basta ya!. No debemos caer en la trampa que nos tienden los radicales y que solo buscan la división y el enfrentamiento. Las autoridades europeas deben aunar esfuerzos y voluntades, sortear sus diferencias, y con la máxima firmeza posible exigir que no se repitan episodios como el que tristemente aconteció en Paris.

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