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Y a los valencianos, que nos zurzan

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Cuando uno consulta en el diccionario el significado del verbo zurcir, descubre que el mismo puede ser utilizado de dos formas distintas, incluso opuestas si se les dota de un cierto contexto: por un lado, significa remendar o coser el tejido roto; y por otro, indica el desprecio o el desinterés hacia alguien. Para referirse a los últimos acontecimientos que afectan a los valencianos, la acepción correcta sería la segunda, sobre todo después de las últimas declaraciones de Antonio Beteta, Secretario de Estado de Administraciones Públicas y número dos del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en las que dejó claro que el Gobierno no iba a reconocer la “deuda histórica” del Estado con la Comunidad Valenciana.

Algunos, más de los que quisiera, desconocen en qué consiste exactamente eso de la deuda histórica. Otros, no demasiados, insisten en que se trata de un contubernio “nacionalista” sin ninguna justificación. La realidad, mal que les pese a estos últimos, es que la deuda histórica es un hecho: desde hace muchos años los valencianos no hemos contado con la misma financiación por habitante que la media española. Tanto es así que la Comisión de Expertos de las Corts cifró la misma en 13.449 millones (y eso desde el año 2002).

Sin embargo, no todos en España somos tratados de la misma forma. Tan sólo un día después de que el Tribunal Constitucional declarara ilegal la consulta soberanista de Cataluña, los medios de comunicación resaltaban que el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ofrecerá a Cataluña una mejora en su financiación, compensando así la decisión del Alto Tribunal. Parece pues que el objetivo principal de CIU (aunque igual no de Artur Mas), era precisamente ese, como alguno de sus diputados ya ha reconocido: la aprobación para Cataluña de un nuevo modelo de financiación a modo de concierto económico. Incluso ya nos han explicado cual ha de ser su contenido: en palabras de Sánchez Llibre el pacto fiscal ha de incluir bilateralidad en la negociación de la financiación, recaudación del 100% de los impuestos que se pagan en su territorio y una Agencia Tributaria propia. ¡Y es que la pela es la pela!

Mientras, los valencianos sufrimos las consecuencias de la injusta infrafinanciación. No es de extrañar, pues, que la Comunidad Valenciana, pese a la cantidad de recortes efectuados por el Consell, cerrara el año 2013 con un déficit del 2,33 por ciento del PIB frente al 1,60 por ciento fijado por el Gobierno: el modelo de financiación autonómica produce un desfase para la Comunidad de 1.727 millones de euros, lo que determina que, de haber existido una financiación igual a la media de todas las comunidades de régimen común, la valenciana hubiera cumplido con el objetivo de déficit al situarse por debajo del 1%. No lo digo yo, son palabras textuales del Conseller de Hacienda y Administración Pública, Juan Carlos Moragues.

Dicha situación, injusta desde cualquier punto de vista, está empezando a producir sus efectos en la ciudadanía. Tal y como señalaba el último sondeo político elaborado por la Cadena Ser, la Comunidad Valenciana se sitúa como la quinta autonomía más nacionalista, con un crecimiento de dicho sentimiento entre los valencianos de un 15% en tan sólo 6 años. No es de extrañar por tanto, que fuerzas valencianistas, como Acció Nacionalista Valenciana (ACNV), defiendan un concierto económico para los valencianos en contra del arbitrario modelo actual. Por mi parte, se acabó lo de ser pobres y solidarios. Seremos solidarios cuando podamos serlo.

¿A qué se debe pues la deslealtad del Partido Popular con sus homólogos de la Comunidad Valenciana? Como el juego de la política es eso, un juego de mercenarios, es probable que a nivel nacional se haya tenido muy en cuenta, para rechazar nuestra pretensión de reconocimiento de la deuda histórica, la más que evidente derrota del PPCV en 2015. “Mejor será no tocar las cosas, no vayamos a darle más y mejor financiación al enemigo” imagino que pensarán algunos dirigentes del PP. Sin embargo, no se trata del enemigo, se trata de los valencianos, cuya mermada economía necesita de un remiendo urgente y equitativo. Que nos zurzan, sí, pero en el buen sentido.

Vicente Boluda