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Editorial: Carolina y un señor de Barcelona

carolina punset

A diez días para los comicios municipales y autonómicos, escrutamos de arriba abajo la candidatura de Carolina Punset y su partido, y seguimos sin tener las cosas claras. Máxime en una formación que se fundó sobre una gran falsedad de su cara más visible; conviene recodar que Albert Rivera siempre ha mantenido que “solo” fue simpatizante del PP -como si lo afirmara con vergüenza-, hecho que la periodista Ana Pastor se encargó de desmentir al mostrar en televisión su hoja de afiliación al partido de Mariano Rajoy. Ciudadanos es un partido lleno de contradicciones. En una entrevista ahora hace un año a ValenciaNews, Punset afirmaba que consideraba imprescindible una experiencia previa en el mundo laboral para entrar en política y Rivera apenas estuvo un par de años en un bufete de abogados…

Y no calificaremos de “cunera” a Punset, como tantos hicieron con Zaplana, por haber nacido fuera de esta tierra (Washington, 1971), pues para nosotros, parafraseando a Miquel Roca y arrimando el ascua a nuestra sardina, valenciano es todo aquel que vive y trabaja en esta tierra. Nos preocupa mucho más dónde y cómo se toman las decisiones de su partido. A diferencia de otros, poco nos importa que las decisiones se tomen en Barcelona -los que lo señalan, fundamentalmente PP y PSOE, omiten interesadamente que en su caso, se toman en Madrid e incluso en época de Felipe González, en Sevilla- por que lo que verdaderamente nos agradaría es que se tomaran en Valencia. El pueblo valenciano está harto de que se chalanee su futuro en Génova o Ferraz y se diga aquí una cosa y en Madrid otra (ayer mismo tuvimos otro caso en el Senado) o sobre unos escaques nos convirtamos en piezas de ajedrez. ¿Se imaginan? «Dame cuarto y mitad de Alicante y yo te doy Burgos», o «Pon tú a Aguirre y yo me quedo con la Generalitat valenciana». No, no podemos admitir que el rango de molt honorable se decida en función de intereses partidistas, y más teniendo por delante las generales de noviembre y la experiencia en las negociaciones por el gobierno de Andalucía por detrás…

Y no se les ocurra preguntarle por su adscripción o la de su partido a derecha o a izquierda, ya que saldrá con la cantinela de manual de la indefinición y con eso de que son viejas etiquetas del pasado. Afirma la candidata que su electorado es de centro-derecha y de centro-izquierda, cuando todos sabemos que sus votos nacen del descontento con el PP; ya que los votos que se le fugarán al PSOE, hace tiempo sabemos que están en Podemos. Pero por contra, la concejala de Altea sí se atreve a calificar a Monica Oltra de “luchadora atrapada en un partido nacionalista”, – ser refiere a Compromís- a los que etiqueta de radicales. Punset debería saber que radical significa ir a la raíz de las cosas, aunque dicho en un titular demagogo, suene a sinónimo de violento. A tenor de las (pocas) propuestas que plantea Ciudadanos como regeneradoras de la vida política, ese mismo adjetivo -radical-, se lo podríamos aplicar a esta formación.

Por último, nos preocupa que reconozca sin rubor su poco conocimiento de la política valenciana. Así, alegremente, como si fuera un mérito. Tanta preparación como dice tener queda en nada si desconoce los problemas de los regantes del Baix Vinalopó, las necesidades de nuestros (benditos y maltratados) agricultores o las exigencias de nuestros empresarios en el tema de las infraestructuras o en el apremio urgente de mejor y mayor financiación. Por no hablar de la deuda histórica, asunto primordial para los valencianos y que no aparece en su agenda. Por todo esto, y por el desprecio a nuestra lengua propia -su web se puede leer en castellano, inglés y francés, pero no en la dulce lengua valenciana de Joanot Martorell-, creemos que Carolina Punset no está en condiciones de ser la correveidile de un señor de Barcelona en pactos electorales, y menos aún, de optar a la presidencia del Consell.

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